La permacultura incorpora la cosmovisión de las culturas indígenas, la cual concibe al ser humano como parte integral de la naturaleza y la Madre Tierra: un ser vivo sagrado e interconectado, que depende por completo de todas las demás formas de vida, desde plantas, hongos y animales hasta bacterias, e incluso del agua, el viento y las rocas.

Esta cosmovisión se materializa en prácticas concretas: rituales de siembra, observación de ciclos lunares en la agricultura, uso de plantas medicinales tradicionales y manejo integrado de recursos naturales. Un ejemplo destacado es la milpa, un sistema ancestral que combina maíz, frijol y calabaza, aprovechando la simbiosis natural entre estas plantas para enriquecer el suelo y optimizar la producción de alimentos.

Esta perspectiva también guía la gestión comunitaria del agua, la preservación de semillas nativas y la transmisión de conocimientos entre generaciones sobre el uso sustentable de los recursos naturales. Estos saberes ancestrales son esenciales para conservar la biodiversidad y adaptarse al cambio climático.


Mexicas, entre los siglos XIV y XVI Nativos Americanos, hace más de 15,000 años Agricultura con agroquímicos, desde principios del siglo XX Humano Moderno, agricultura contaminada y monocultivo industrial, inicios del siglo XXI Ancestros Japoneses, cultivo de arroz, alrededor del 1000 a.C. Tribus Neolíticas, entre el 10,000 a.C. y el 4,500 a.C. Pueblos Indígenas de América, hace más de 15,000 años Antiguos Egipcios, desde el 3100 a.C.