Así como existen distintos hábitats naturales, existen distintos tipos de huertos. Se puede hacer un huerto en el monte, en el jardín de tu casa, en la terraza, en el balcón, en camas de cultivo, directo en el suelo, en macetas, en jardineras, en muros, en torres verticales, en invernaderos, en bodegas, en naves industriales, en parques públicos... ¿Qué hace que un huerto sea un huerto?
Lejos de enfocarme en cantidad, producción o perfección, para mí, el huerto ideal tiene las siguientes características:
1. Se cultivan alimentos orgánicos y de temporada.

2. Se concibe el cultivo de alimentos como una práctica lenta y honesta que no se debe apresurar. La paciencia y un cultivo orgánico sobre la explotación del suelo y la imposición de especies.

3. Se nutre al suelo para que a su vez nutra las plantas y a su vez las plantas me nutran a mí a través de los alimentos que se forman en el suelo. Es un círculo virtuoso de retroalimentación positiva. Aquí es donde se conecta con el compostaje y el manejo de nuestros residuos orgánicos.

4. Existe una simbiosis mutualista entre mi huerto y yo. Somos un ecosistema. Mi microbiota también habita en el huerto y en la cocina donde los microbios se preparan para combinarse y entrar a mi cuerpo para nutrirme.

5. La cadena de nutrientes comienza en el compostaje de los desechos orgánicos de mi casa, el cual eventualmente se convierte en abono para las plantas del huerto.
6. Se recolectan semillas cuidando la germoplasma del huerto. Seleccionando los mejores ejemplares para la cosecha de sus semillas y no para su delicioso consumo. El banco de semillas es la casa donde se resguarda la soberanía alimentaria y todos los regalos dulces y jugosos del futuro.
7. Se construye un ecosistema resiliente, introduciendo especies nativas y polinizadoras además de las hortalizas a cosechar, de tal forma que más seres vivos como insectos o aves también se beneficien del huerto. Esto implica aceptar a las orugas que se devoran el repollo y las aves que se comen las fresas antes que yo...
8. Se alimenta nuestro cuerpo e idealmente, el de nuestros familiares, amigos y conocidos. Primero llenamos nuestra taza, y una vez que se llena, podemos empezar a llenar la taza de quienes nos rodean.
